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DEJÓ 750 MIL TELÉFONOS COMO HERENCIA

Luego de que Robert Prosser falleciera en 2003, sus familiares recibieron una herencia muy particular: más de 750 mil teléfonos.

"Esto es más de lo que cualquiera quisiera tener", aseguró Becky Rongstad, la sobrina del señor Prosser, y una de las herederas de los teléfonos.

Tras la muerte del coleccionista, sus familiares se transformaron en los dueños de más de 6 edificios en Turtle Lake, un pueblo del estado de Wisconsin, EE.UU., con tan sólo 1.089 habitantes.

Esto sería "normal" si no fuera porque dentro de cada uno de los edificios se levantan pilas de hasta 6 metros de altura de teléfonos antiguos, modernos, algunos más particulares, con formas extrañas, y otros hasta envueltos y guardados en sus cajas originales.

En su mejor momento, la colección del señor Prosser había alcanzado más de un millón de artefactos, transformándose así en la colección privada de teléfonos más grande del mundo.

"El segundo lugar es para un tipo que tiene 10 mil teléfonos que me compró a mí", alardeaba Prosser tiempo atrás.

Tan grande es la colección, que las autoridades del pueblo le han pedido a los herederos que hagan algo con los teléfonos, ya que tienen intenciones de volver a habilitar algunos de los edificios ocupados por los artefactos, entre ellos, el histórico gimnasio de 1928.

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