Un especialista explicó  que "nacer con un peso inadecuado implica perder altura final, fuerza en las manos e inteligencia, además de exponerse a un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas en la vida adulta"

"Si bien desnutrición es una palabra muy escuchada, es uno de los términos más ambiguos". Así respondió el médico pediatra Esteban Carmuega a la pregunta de Infobae.com acerca de qué parámetros son los que definen a un cuadro de malnutrición.

Al parecer, hablar de desnutrición es hacer referencia a varias facetas de un problema; "no hay una sola forma de entenderla y, a su vez, cada una puede superponerse con otra", explicó el profesional.

El director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) diferenció entre cuatro formas o "tipos" de desnutrición.

Cada año nacen 50 mil niños con bajo peso de nacimiento y alrededor de 174 mil con un peso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera insuficiente. Así, el bajo peso en el nacimiento afecta al 7% de niños pero hasta el 20% tiene un peso insuficiente.

"Esto se debe a fallas de circulación placentaria", explicó Carmuega y detalló tres causas que implican el 50% de riesgo de bajo peso: "Bajo peso de la madre, mala progresión del peso en el embarazo y tabaquismo".

Según el profesional, "cuando un niño nace con menos de 2.500 gramos se trata de un cuadro de desnutrición fetal, como consecuencia de un retraso en el crecimiento intrauterino, salvo que sea causado por un nacimiento prematuro".

Este peso insuficiente es el corolario de una mala alimentación de la madre antes y durante embarazo y de falta de controles. Dado que el feto se adapta a esas condiciones, "en el recién nacido, el bajo peso comprometerá todos los sistemas metabólicos que se están conformando en la gestación", explicó Carmuega, quien consideró que esta situación "es más frecuente en hogares de bajos recursos, pero sucede también en aquellos en los que la mujer tiene un extremo cuidado por su imagen. La prevalencia de bajo peso en el nacimiento es del 6% en Buenos Aires y tres veces más en Chaco", dijo.

Así, nacer con un peso inadecuado implica no sólo perder masa corporal (alrededor de 5 cm de altura final, 5 kilos de fuerza en las manos, 5 puntos menos en el coeficiente intelectual promedio) sino además, perder la flexibilidad de adaptación de nuestro metabolismo, lo que nos expone a un riesgo 50% mayor de padecer enfermedades crónicas en la vida adulta.

Nacer con bajo peso es una de las principales causas de no crecer bien en la primera infancia. A este fenómeno se lo denomina desnutrición crónica y si bien se mide como un retraso en la talla, debería entenderse como la cicatriz en el crecimiento que deja la falla de una adecuada nutrición temprana.

Un niño puede recuperar en sus primeros dos años el crecimiento en altura y el de todos sus órganos, incluido el cerebro. Pero, para ello, debe contar con una lactancia exclusiva durante seis meses, la cual debe continuar hasta el año con el agregado de alimentos complementarios de elevada calidad nutricional y una cuidada crianza. Este es uno de los momentos más críticos y es importante destacar que en la Argentina, el 8% de toda la población menor de 5 años no puede expresar su potencial de crecimiento, lo que representa más de 200 mil niños afectados.

La falta de nutrientes esenciales en esta edad (como el zinc o la vitamina A) no sólo condicionan un menor crecimiento sino que los hace más vulnerables a padecer infecciones que en otros niños suelen ser banales (como la diarrea y las neumonías) y que en los niños desnutridos son más severas y prolongadas, y en consecuencia comprometen aun más su crecimiento. Por esta razón, la OMS considera que más del 53% de la mortalidad infantil por causas prevenibles reconoce a la desnutrición como responsable.

La carencia de micronutrientes que no afectan el crecimiento se denomina desnutrición oculta y el caso paradigmático en el país es la deficiencia de hierro, aunque éste no sea el único. Esto afecta a uno de cada 3 niños menores de dos años, es decir que cada año, 650 mil niños tienen anemia y pierden, en promedio y de manera irreparable, alrededor del 10% de su capacidad intelectual. Cuando se diagnostica y trata a la anemia se ha llegado demasiado tarde. La deficiencia en la infancia debe prevenirse a través de una alimentación rica en hierro biodisponible.

"Si un niño nació con peso normal pero no recibe seis meses de lactancia materna exclusiva más la adecuada provisión posterior de nutrientes, o no crecerá lo esperable o lo hará con funciones afectadas y esto deja secuelas", aseguró Carmuega, quien ejemplificó a la anemia como uno de los más comunes casos de desnutrición oculta.

"Uno de cada tres lactantes es anémico y la anemia deja una cicatriz en la capacidad congnitva, que representa hasta el 10% de la capacidad intelectual", remarcó.

El cuarto tipo de desnutrición, por extraño que parezca, es la obesidad. "En la Argentina la cuarta parte de los adolescentes es obeso. Y uno de cada dos adultos", detalló el médico, para quien este cuadro "comienza en los primeros años de vida y generalmente cuando se diagnostica se llegó tarde porque cambiar hábitos de vida es extremadamente difícil".

Etimológicamente, si se entiende el prefijo "des" como "falta de" y "nutrición" como "equilibrio", podrá comprenderse que "cuando una persona engorda demuestra un desequilibrio entre la ingesta de energía y el gasto", definió Carmuega.

Si el crecimiento en altura (y el tamaño de la cabeza y músculos) refleja una adecuada nutrición temprana, la obesidad y el aumento de la grasa corporal expresan lo contrario.

Estas cuatro formas de desnutrición se superponen. "Esta condición suele darse cada vez con más frecuencia en ambientes de pobreza configurando forma de desnutrición combinada", destacó Carmuega.

Tras definirse como "prematuro y anémico", el profesional explicó que "como el desarrollo es flexible se compensa" y es posible que una persona con bajo peso al nacer, por ejemplo, desarrolle una vida normal. "Pero lo que sucede en los ambientes de pobreza es que todos los factores se suman y aumenta la brecha entre los que sí tienen la posibilidad de revertir el cuadro", opinó.

Así, como todo lo que a la medicina atañe, cuando se está frente al diagnóstico es tarde. "Cada edad tiene acciones preventivas que deben tenerse presentes porque de poco sirve detectar la desnutrición; la clave es abordar a la persona lo largo del ciclo vital", subrayó el médico.

Y finalizó: "Si bien es difícil saber cuánto marca a una persona una mala alimentación, dado que la vida no está condicionada por un solo factor, todas las afecciones relacionadas con una mala alimentación comprometen el potencial del niño y dejan secuelas".