Pese a que cada vez son más las personas que recurren al mapeo genético para conocer con anticipación las enfermedades que los acecharán en el futuro, este examen no es la última palabra. Nuestros hábitos, el entorno y las experiencias que hemos vivido pueden tener importantes consecuencias en el epigenoma, un grupo de sustancias químicas que se adjuntan a los genes y que actúan como árbitros del ADN: apagan algunos genes y dejan que otros hagan su labor, como por ejemplo, desencadenar o no una enfermedad.

1. UNA HORA DE EJERCICIO APAGA GEN DE LA OBESIDAD
El gen FTO es uno de los responsables de la acumulación de grasa en humanos. Sus diversas mutaciones predisponen genéticamente a alguien a tener sobrepeso u obesidad. Pero una investigación de la U. de Zaragoza que estudió a adolescentes que poseían este gen y consumían igual dieta, constató que aquellos que realizaban una hora de actividad física al día no desarrollaban obesidad, a diferencia de quienes no lo hacían. La razón: el ejercicio evitó que el gen mutara. Efectos similares, pero en mayores de 50 con obesidad, mostró la dieta mediterránea. La diferencia: aquí la mutación ya existía y su consumo logró desactivarla, regulando en meses el peso y salud de los pacientes.

2. DEPORTE, COMIDA SANA Y POCO ESTRES: DESACTIVA GENES PRO-CANCER

Una vida saludable puede ser una buena herramienta para frenar un cáncer incipiente. Investigadores del Instituto de Investigación de Medicina Preventiva de California estudiaron a 30 hombres con cáncer de próstata. En lugar de ser sometidos a un tratamiento tradicional, a los pacientes se les aplicó un plan con una dieta baja con alto contenido de vegetales, ejercicio moderado y de 60 minutos diarios de yoga para controlar el estrés. A los tres meses había aumentado la actividad de 48 genes involucrados en la prevención de enfermedades y se desactivaron 453 genes que promueven la aparición del cáncer del próstata. Su cáncer se estabilizó. Los expertos dicen que lo mismo sirve en personas sanas.

3. ACIDO FOLICO: HIJOS SIN MALFORMACIONES NI DIABETES
El embarazo es el mejor momento para modificar la predisposición genética de nuestros hijos. Diversos estudios en ratones han demostrado que la adicción de ácido fólico a la dieta de una embarazada desactiva en sus crías los genes vinculados al aumento de adiposidad y diabetes. También evita malformaciones genéticas y permite una correcta metilación del ADN en el feto. Un proceso químico, cuya aberración está vinculada a la mayoría de los cánceres.

4. FUMAR EN EMBARAZO: HIJOS PREDISPUESTOS AL CANCER
Cuando la madre fuma durante el embarazo puede generar importantes cambios en los genes de su hijo en gestación. Así lo afirma un estudio publicado en 2009 por el American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, científicos de la USC Keck School of Medicine que descubrió que esta conducta materna activa los genes GSTP1 y GSTM1, relacionados, respectivamente, con el cáncer de próstata y gástrico, y que volvieron a sus descendientes más propensos a desarrollar esa enfermedad.

5. EL TRATO EN LA INFANCIA AFECTA AL GEN DE RESISTENCIA AL ESTRES

Un estudio desarrollado por la Universidad McGill y el Instituto Universitario de Montreal descubrió que 12 personas que fueron maltratadas cuando pequeñas, y luego se suicidaron, reportaban cambios en su ADN, específicamente se les "silenciaba" el gen necesario para afrontar el estrés  (NR3 C1), en comparación con 24 personas que no fueron maltratadas. La investigación sugiere que esto pudo haber sido factor en el suicidio. Por el contrario, otra investigación demostró que tratar cariñosamente a los bebés hace que éstos activen el gen antiestrés. El resultado: cuando grandes fueron niños más seguros  y resilientes.

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