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Cambio de hora: ahorroenergético o una medida estúpida

Amanecerá más temprano y oscurecerá antes. Esta próxima madrugada toca, como cada final de octubre, cambiar la hora, adecuarse a lo que se ha dado en llamar horario de invierno. Atrasar una hora el reloj, vamos. La justificación es el ahorro energético, pero hay muchos que piensan que sólo es una medida estúpida.

El Estado mejicano de Sonora decidió en 1998 dejar de aplicar el horario de verano como se hacía en todo el país y en decenas y decenas de lugares del planeta. Lo hizo después de presentar un estudio médico que revelaba supuestas repercusiones en la salud de sus pobladores. Una de ellas fue que, según urólogos entrevistados, en general el apetito sexual se eleva hacia las 5 ó 6 de la mañana, paralelamente al incremento de los niveles de testosterona en sangre. Pues según constataron, el cambio de horario significó alterar los hábitos sexuales de la pareja, lo cual produjo problemas de sueño, fatiga y otros. Eso sí, donde no se pusieron de acuerdo es en el efecto que el cambio de horario produjo sobre aspectos específicos, como la capacidad de erección.

Lo anterior no es broma. Forma parte de una investigación realizada en el año 2000, dentro de un estudio sobre el ‘‘Impacto de la aplicación del horario de verano en la sociedad mexicana’’, encargado a la Universidad Autónoma de Méjico a solicitud de la Secretaría de Energía y la Comisión Federal de Electricidad del país. No hemos encontrado ningún análisis similar, y ninguno que haga referencia a las consecuencias de aplicar no ya el horario de verano, sino el de invierno, pero la realidad es que, cada último domingo de octubre una directiva europea nos obliga a cambiar la hora, o mejor dicho, a atrasarla.Pero no se fíe.

Si, por ejemplo, usted viaja esta próxima madrugada en tren de Italia a Alemania, puede pensar que llegará, digamos a Colonia, una hora más temprano de lo previsto. Pues se equivoca, llegará a la misma hora, ya que los puntuales alemanes, con tal de «llegar a la hora», hacen que todos los trenes nocturnos detengan su marcha por una hora a medianoche cuando la hora se atrasa.

Lo que empezo franklin

Lo que es seguro es que este domingo por la mañana más de uno llegará con una hora de adelanto a alguna cita. Al partido de fútbol de los domingos, a la salida montañera dominical, incluso a misa de doce. ¿Y por qué? Porque se ahorra energía, o al menos eso nos dicen desde la Unión Europea. Esta propuesta se aplicó como directiva en 1981, renovándose cada cuatro años, y obligaba a todos los estados de la UE a cumplirla, y asimismo otros países del mundo también la adoptaron. En el año 2001 se decidió aplicar el cambio de horario de forma indefinida en Europa, con excepción hecha de Islandia, que no sigue esta norma.

Dicen que todo comenzó con la idea que un personaje histórico como Benjamín Franklin escribió en forma de carta, más en broma que en serio, en un diario parisino. Pero fue en 1907, un tal Guillermo Willett, el primero en proponerlo con cierto rigor, aunque el Gobierno británico no lo tuvo en consideración.

A partir de ahí y aunque hubo gobiernos que ensayaron con el cambio horario por diferentes razones ­en el Estado español sucedió por primera vez en 1918, aunque para ahorrar carbón­, es sabido que éste no se aplicó de forma general hasta 1974, cuando muchos estados europeos, a raíz de la crisis del petróleo, decidieron llevar a cabo la medida. Sin embargo, siempre ha existido el mismo debate, ¿realmente interesa cambiar la hora?

Al recurrido científico Javier Armentia, director del Planetario de Iruña, le podemos leer en su recomendable bitácora personal: «Si de ahorrar energía se tratara, realmente lo que podía hacerse era adecuar los horarios laborales, en cada sitio, con la mayor o menor duración del día. Para eso no hace falta cambiar la hora, sino introducir en los convenios un horario primavera-verano y otro otoño-invierno… Igual, algún lumbrera de éstos se daba cuenta que, de hecho, algo así ya existe en muchos sectores, haciendo innecesario esta doble discontinuidad horaria anual». Pero si alguien duda de su opinión, ahí va otra perla de su exposición: «Una vez más, como cada semestre, todos a hacer el idiota con lo del cambio de hora», y todo, añade, «porque dicen que se ahorra un 1% diario, con el cambio. Si los defensores de esta estupidez no tienen más que un mísero puntillo con el que justificarse, cabe temer que realmente será menos».

No es la única voz de un divulgador científico de referencia en el Estado español. Manuel Toharia, director del museo de las Ciencias de Valencia, reflexionaba en cierta ocasión sobre este mismo debate: «El cambio de horario es una estupidez y una auténtica chorrada. Es falso que se produzca un ahorro energético. Los datos del Ministerio de Industria no son reales. Lo único que se consigue con adelantar o atrasar el reloj es desplazar el horario civil. Lo que ahorramos por la noche lo gastamos por la mañana. Hay tantos trasnochadores como madrugadores. Lo que pasa es que los países de la Unión Europea lo siguen aplicando por inercia administrativa. Costó mucho ponerse de acuerdo para cambiar el horario y los gobiernos tienen otras cosas que hacer que volver a cambiarlo».

Inercia, quizá sea la respuesta a esta medida horaria a la que ya nos hemos familizarizado con los años. Pero cuando llega el momento, hay quien clama contra ese cambio. En el diario electrónico chileno, ‘‘Granvalparaíso’’, podemos leer la opinión de su editor Raúl Gutiérrez, que titula su artículo ‘‘Cambio de hora: estúpida rutina’’. Y concluye: «La pretensión de que el Estado omnipotente tiene la capacidad de alterar la naturaleza podría llevarnos al extremo de que mañana se decrete un retraso de diez años en el calendario, de modo que todos seamos diez años más jóvenes. O si un invierno resulta muy seco, se dicte otro decreto con fuerza de ley, extendiendo por tres meses adicionales el invierno. A menudo la estupidez humana se puede demostrar recurriendo al absurdo».

La UE lo analizara

Tengan razón o no quienes así opinan, o lo tengan quienes defienden la medida, como el Instituto español para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) o la propia organización Greenpeace, la Comisión Europea tiene que presentar antes del 31 de diciembre de 2007 al Parlamento Europeo, al Consejo y al Comité Económico y Social un informe sobre la incidencia de la aplicación del cambio de hora en los sectores afectados. Ese informe se elaborará a partir de la información aportada por los Estados miembros antes del 30 de abril del año que viene.

Einstein demostró que el tiempo es relativo. Esto le ha servido a más de uno para hacer filosofía de vida de aquello de que «Yo me levanto cuando despierto/Me acuesto cuando tengo sueño/Como cuando tengo hambre/Trabajo cuando tengo ganas». Y lo lleva a la práctica no haciendo uso del reloj. –

Fuente: www.gara.net