Al principio, el ‘blog’ de Max no era más que un desahogo, la crónica en internet de un ejecutivo francés desesperado por el universo cuadriculado de la gran empresa. Millones de internautas la leyeron y el fenómeno derivó en un libro coronado por el éxito.


Max es un treintañero con un alto cargo en una multinacional, "puro producto de las grandes escuelas" a la francesa, bueno en matemáticas, amante de música clásica… Su pluma denuncia un mundo deshumanizado en el que "el control social está tan interiorizado que el programa de lavado de cerebro es automático". Animado por su amigo Gégé, Max abre un "’blog’ de descompresión para uso terapéutico" en septiembre de 2004. Muy deprisa, miles de internautas se deleitan con sus comentarios. La editorial francesa Robert Laffont publica ‘El blog de Max’ en Francia, Bélgica, Suiza y Canadá, donde se han vendido más de 12.000 ejemplares.

Max describe en el libro los "clones" que lo rodean, con "camisa blanca, traje negro, reloj suizo", "una jauría de jóvenes tiburones, todos perdidos definitivamente". "Día tras día veo como sientan cabeza mis colegas y van puliendo sus existencias, empeñados en podar los imprevistos más ínfimos", escribe. "El patrón admira tanta abnegación". Max dice que trabaja en una "loquería", en una "máquina de generar dinero". Aboga por la "dimisión mental" y en los informes pone cualquier cosa.

En su mundo hay apartados. La copa del viernes, con reparto de resultados semanales. Las jugarretas a los colegas. La colección de fotos atrevidas de Gégé. Mano a mano, Max y Gégé eligen a ‘Miss Transeúnte’, la peatona más bonita descubierta desde la ventana de la oficina. Para contratar, hacen un "currículum baloncesto": se hace una bola con ellos y sólo se guardan los que no van a parar dentro del blanco.

"La empresa es una herramienta económica que funciona muy bien pero ha invertido de manera indebida en el campo de los valores, y yo me niego a ser ‘corporate’", explica este padre de familia, que reclama un espacio "donde aún exista el riesgo".

Fuente: AFP / laflecha.net