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Todo Sobre nuestro Router parte 1 ( dirección IP, máscara de subred, puerta de enlace y IP pública e IP privada )

Todo Sobre nuestro Router parte 1 ( dirección IP, máscara de subred,  puerta de enlace y  IP pública e IP privada ) 0

Cuando contratamos los servicios de un proveedor de acceso a Internet y conseguimos (en ocasiones con más problemas que en otras) instalar el router que nos proporcionan, este normalmente pasa a ser un accesorio decorativo más en la casa. Tenemos por costumbre llamar inmediatamente al servicio técnico en cuanto comprobamos que nuestra conexión no funciona y, en muchos casos, el técnico o el operador que nos atiende suelta ciertas palabras que nos pueden sonar a mandarín.

Es por eso que en Diginota hemos decidido echar un cable a los no iniciados en esto de las tecnologías de conectividad y vamos a intentar familiarizaros con esos términos llenos de siglas indescifrables y que parece que sólo cobran sentido dentro de la mente de los informáticos. El objetivo es perderle el miedo a esa cajita con antena y cables que tanto hace por nosotros al permitir conectarnos a Internet.

 

Para empezar vamos con tres términos que no son exclusivos de los routers, sino que podemos encontrarlos en cualquier aparato que tenga la capacidad de conectarse a Internet: ordenadores, videoconsolas, teléfonos móviles de última generación, etc. Este trío puede que le suene incluso a los más profanos en la materia, me refiero a la dirección IP, la máscara de subred, la puerta de enlace y la IP publica o privada.

¿Qué es la dirección IP?

Los ordenadores reciben, procesan y envían la información codificada en código binario, esto es secuencias de ceros y unos. A partir de combinar esos dos únicos valores se pueden sacar palabras, números, imágenes, sonido e incluso videojuegos. La dirección IP no es más que una secuencia de 32 de esos ceros y unos, o lo que es lo mismo 32 bits. Si cogemos esos 32 bits y lo dividimos en cuatro partes, tendremos lo que se conoce como octetos. Ahora si vemos estos octetos, recordad que son sólo ceros y unos, se pueden transformar en un número decimal como los de andar por casa. ¿Por el número decimal que queramos? No, aquí hay normas pero no hace falta que las conozcamos. Así, por poner un ejemplo, el número de 8 bits 0001110 equivale a 14.

Como alguno seguro habrá adivinado, el número más pequeño que se puede hacer con 8 bits es el 00000000 y el más grande el 11111111, que en decimal serían el 0 y el 255 respectivamente. Así que si ahora tomamos los cuatro octetos, los juntamos y los separamos por puntos tendremos una secuencia que, por ejemplo, quedaría así, 192.168.13.52. Este número es una dirección IP.

Tras este rollo os preguntaréis, ¿y para que sirve esto? Pues muy sencillo la dirección IP (que son las siglas de Internet Protocol) es la manera que tiene Internet de saber quién es quién en Internet. Nadie puede navegar por la red sin una dirección IP y no se puede a ninguna página web si esta no tiene una IP asociada. Es decir, la IP es nuestra matrícula mientras conducimos por Internet y a la vez es la dirección para acceder a cualquier contenido. Cuando, por ejemplo, tecleamos en nuestro navegador www.google.es, en realidad nuestro navegador está traduciendo ese texto (a través de un proceso que explicaremos otro día) en una dirección IP, y así poder llegar hasta la página de Google.

Como puntualización hay que decir que de todas las combinaciones posibles  de IP, que son más de 4000 millones, hay que descartar las que contengan los números 0 al final y 255 en alguna de sus posiciones. ¿Y esto por qué? Pues la razón es que son direcciones IP reservadas, los octetos que valen 0 hacen referencia a una red y no a un dispositivo concreto y los que valen 255 son llamados broadcast y vendría a ser como un envío masivo de información a un conjunto de direcciones IP. No hay de que preocuparse si no se comprende esto a la primera, como usuarios lo único que hay que saber es que, si alguna vez tenemos que darle una IP a nuestro ordenador (u otro aparato) no podemos poner ningún 0 o 255 en ninguna de las cuatro posiciones.

¿Qué es la máscara de subred?

En realidad la IP por si sola no sirve para identificarnos en la red. Tenemos que acompañarla siempre con la máscara de subred, la cual, a efectos prácticos es otra IP pero cuya numeración casi siempre va a estar compuesta por ceros y 255. Lo volveré a ilustrar en un ejemplo. Imaginad que en casa tenemos un ordenador, una Xbox 360 conectada a Internet y un iPad. La IP del primero es 192.168.1.2, la del segundo 192.168.1.3 y la del tercero 192.168.1.4. Como podéis ver, los tres primeros números son iguales mientras que el último cambia. Pues es precisamente con la máscara de subred como identificamos esa parte fija de la IP de la parte variable. ¿Cómo? De una manera muy sencilla, marcando la parte que no varía con 255 y la parte que sí lo hace con 0. Así que, siguiendo el ejemplo anterior, la máscara de subred sería 255.255.255.0.

En Internet, gracias a las máscaras se subred se pueden distinguir direcciones IP que a simple vista parecen iguales pero, al tener una máscara de subred distinta permite que no haya confusión y, lo que es más importante, sigan habiendo IP’s disponibles (algo que está peligrando).

¿Qué es la puerta de enlace?

Conociendo lo anterior, este es el término más sencillo de comprender. Y es que su propio nombre no invita a intuir para que sirve. Efectivamente, la puerta de enlace es la “puerta” por la que saldremos de “casa” hacia Internet. Esta metafórica puerta está más cerca de lo que creemos y es que en realidad es nuestro router, es decir, el que hace el trabajo de comunicarnos con el exterior.

Todo router, al igual que el resto de dispositivos, tiene una IP interna, y esa IP es la que debemos conocer y usarla para configurar el resto de nuestros ordenadores y demás. Así que cada vez que nos pidan la puerta de enlace tendremos que poner la IP de nuestro router para indicarle a nuestro ordenador a dónde tiene que ir para conectarse a Internet. Seguro que alguno pensará ahora si esa IP que sirve de puerta de enlace la tenemos que elegir nosotros y la respuesta es que no es necesario. Nuestro proveedor debe darnos ya esa información (junto a la máscara de subred) para que nuestra conexión con Internet sea inmediata al configurar nuestro ordenador.

Con esta primera entrega esperamos que por lo menos estos tres conceptos no sean algo extraño y que os anime a conocer más sobre vuestro router y vuestra conexión a Internet en general. Si aun no estáis seguros, tranquilos, volveremos con más términos y conocimientos que compartir con vosotros.

Ahora que el concepto de IP ya está más o menos aclarado, vamos a proseguir con nuestro recorrido por los entresijos de nuestra conexión de red doméstica. Esta vez vamos con un concepto realmente sencillo, corto de explicar y que no costará mucho entender. Hablamos de la diferencia entre IP pública e IP privada.

Como ocurrirá en muchos hogares, en el nuestro es muy posible que tengamos más de un ordenador. A esto es muy posible que haya que añadir el hecho de que dispongamos de una videoconsola de última generación, también con acceso a Internet, y algún otro dispositivo con conectividad Wi-fi (como un iPad, un tablet PC, iPod Touch, etc). Como dijimos en la anterior entrega de este especial, todo dispositivo con acceso a Internet necesita de una dirección IP.

Ahora se presenta una duda. Nuestro proveedor de Internet (o ISP) nos proporciona una única dirección IP para conectarnos con el exterior, pero nosotros tenemos en casa, por ejemplo, cinco dispositivos que necesitan de ese acceso a Internet, y muy posiblemente de manera concurrente. ¿Cómo es posible que cinco dispositivos utilicen una misma IP? La respuesta es muy sencilla, no lo hacen. Cada uno de ellos tiene una IP propia.

La IP privada

Los ordenadores y demás gadgets que poseemos forman todos juntos una red local. Dentro de esa red local, cada uno tiene asignada una IP que forma parte de un mismo rango. Normalmente, por definición del ISP, dichas IP empiezan por 192.168, aunque podemos cambiarlas libremente, algo que en verdad no hace falta. Estas IP son las direcciones IP privadas, es decir, sólo tienen sentido dentro de nuestra red local y mantiene identificado cada dispositivo dentro de ella. Evidentemente, no puede haber dos o más IP privadas repetidas dentro de una misma red local al mismo tiempo.

Así, cuando configuramos el acceso a Internet de nuestro ordenador, tenemos que asignarle esta IP privada, lo cual queda a nuestra discreción. A dicha configuración habrá que añadir la máscara de subred y puerta de enlace, los cuales ya os deben de sonar de algo.

La IP pública

¿Y qué pasa con la IP pública? Esta es la IP que no podemos elegir, sino que nos la asigna nuestro ISP y se queda “retenida” en nuestro router. De esta forma desde el router hacia fuera (es decir, hacia Internet) estaremos identificados por esta IP pública, pero en ningún momento se conocerá la IP privada del dispositivo con el que nos estamos conectando. Por ejemplo, concurrentemente estamos accediendo a una web determinada desde nuestro ordenador y a otra web distinta desde un iPod Touch. Realmente el acceso a esas dos webs se hace con la misma IP pública y no se distingue quién ha hecho la conexión, es totalmente transparente.

Por supuesto, para que esto funcione así se tiene que realizar un trabajo, y es de nuevo el router quien se encarga de ello. Él se ocupa de dirigir el tráfico desde nuestro ordenador con IP privada, cambiar dicha IP privada por la IP pública, acceder al contenido que deseamos, traerlo hacia si mismo y enviarlo al ordenador con la IP privada que lo ha solicitado. Todo ello en milésimas de segundo y sin que nosotros seamos conscientes de nada.