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La “mentira” más cínica de la ciencia, la supuesta prueba del eslabón perdido de la evolución

No sé conoce al autor de la “broma”, pero existen varios sospechosos
La “mentira” más cínica de la ciencia, la supuesta prueba del eslabón perdido de la evolución 0

Un cráneo humano con una mandíbula de aspecto simiesco que se encontró en Piltdown, Inglaterra, en 1912, era la supuesta prueba del eslabón perdido de la evolución humana, el conecte entre el hombre y el mono.

La historia empezó con un campesino que andaba recorriendo el campo cuando precisamente halló el famoso cráneo; lo primero que hizo fue llevarlo al científico Charles Dawson.

El supuesto hombre de ciencia mostró el descubrimiento a F. O. Barlow, G. Elliot Smith, Arthur Smith, Arthur Keith, W. P. Pycraft y Sir Ray Lankester, mismos hombres que más tarde sostuvieron la teoría de que los restos eran de una especie desconocida, lo que suponía la prueba de una parte de nuestra evolución, cuenta abc.es.

Cuadro pintado por John Cooke en 1915.

Los restos que habían descubierto era la parte de un cráneo,  una mandíbula y un diente. Eso fue suficiente para que todos aceptaran que sí se trataba del eslabón perdido; la comunidad científica y el Museo Británico lo presentaron ante el mundo, como el primer hombre inglés, el primer hombre que había existido en la Tierra.

Bautizado como Eoanthropus dawsonii, precisamente en honor al supuesto científico Dawson, se trataba del primer gran hallazgo de Gran Bretaña, explica conspiraciones.es.

Nada se había puesto en duda, sin embargo, no se realizaron las pruebas suficientes para comprobar que lo que se decía era verdad.

Fue hasta 1953, 41 años después del hallazgo del “Hombre de Piltdown”, que un dentista, luego de tener el suficiente tiempo para analizar el cráneo, llegó a la conclusión de que toda la información no era más que un error.

El Dentista A. T. Marson llegó a la conclusión de que los restos no correspondían a la época de la que se suponía eran; además, no eran de una misma persona, sino que se trataba de los restos de un simio y los de una persona juntos.

Determinó que los dientes del esqueleto pertenecían a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un ser humano de la época Medieval.

¿Ante qué nos encontrábamos? La respuesta es fácil: un fraude. Alguien se había tomado la molestia de limar los dientes para darles apariencia humana, así como de envejecerlos con una solución a base de hierro y ácido crómico.

Después de haber sido tratados, los restos fueron colocados donde se supone se encontraron.

El fraude causó indignación entre algunos sectores de la sociedad, pero lo que el “nuevo” descubrimiento en realidad inició fue una investigación para descubrir a la mente que había ingeniado el engaño “científico”, que se tomó como una verdad durante décadas.

El principal sospechoso era el mismo Charles Dawson, médico y paleoantropólogo aficionado. Aunque muchos dicen estar en desacuerdo, pues se según se cuenta él pasó años recorriendo el lugar donde se había encontrado el cráneo con el fin de hallar alguna otra evidencia sin tener resultados, por lo que dicen que de haber sabido la verdad no hubiera desperdiciado tantos años de su vida.

El otro sospechoso fue Arthur Smith Woodward, encargado del Museo, quien antes de aceptar el supuesto eslabón perdido, tuvo la oportunidad de hacerle muchas pruebas.

Otros acusados fueron: Arthur Conan Doyle, autor de “Sherlock Holmes” y también Pierre Teilhard de Chardin. Pese a las indagatorias, nunca se pudo conocer  la identidad del autor de lo que resultó ser uno de los fraudes más grandes del mundo científico. Una “broma” que duró vigente 40 años.