El cáncer de próstata se produce cuando ciertas células prostáticas modifican su estructura, se vuelven malignas y comienzan a multiplicarse descontroladamente, provocando un aumento de las dimensiones de la glándula y con ello la posibilidad de taponar la uretra o la vejiga. Estas células podrían propagarse desde la próstata a otras partes del cuerpo, como los huesos y ganglios linfáticos, originando una metástasis. El cáncer de próstata tiende a ser multifocal y con frecuencia afecta a la cápsula glandular lo que facilita su expansión a la periferia.

La glándula de la próstata, que forma parte del aparato reproductor masculino, se localiza bajo la vejiga y justo delante del recto. Con un tamaño variable, parecido a una pelota de ping pong, rodea en parte la uretra y segrega un líquido que forma parte del semen.

Causas y mecanismos

La incidencia del cáncer de próstata ha aumentado más de un 100% en los últimos 10 años. Entre los posibles factores que han provocado un incremento de la incidencia de este cáncer destacan:

El envejecimiento de la población, la mejora en el diagnóstico, mejoras en las técnicas de diagnóstico, mayor divulgación, nuevas técnicas de detección precoz, la mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo, la huella hereditaria, la presencia de ciertos metales como el cadmio en la industria de componentes, la obesidad, etc.

Hay evidencia de que el desarrollo del cáncer de próstata estaría relacionado con niveles altos de ciertas hormonas, especialmente de tipo andrógeno, como la testosterona, que aumentan las posibilidades de desarrollar este tipo de cáncer.

Algunas investigaciones han observado que niveles altos de la hormona del factor de crecimiento de insulina también predisponen a padecer este.

Durante los últimos años, los científicos han conseguido grandes avances en comprender cómo ciertos cambios en la secuencia del ADN pueden ocasionar que las células prostáticas crezcan anormalmente y desarrollen un cáncer. Algunos genes contienen instrucciones que controlan el crecimiento y división celular. Los cánceres pueden estar causados por una mutación del ADN que activa a los oncogenes y que inhibe a los genes supresores.

Algunas personas desarrollan ciertos tipos de cáncer porque heredan de sus padres mutaciones del ADN. Las investigaciones han descubierto que los cambios heredados del ADN en determinados genes provocan que algunos varones desarrollen cáncer de próstata con más probabilidad. Estos cambios genéticos pueden causar alrededor del 5 al 10% de estos cánceres de próstata.

Cada vez que una célula se prepara para dividirse en otras dos nuevas, tiene que hacer una copia de su ADN. Este proceso no es perfecto y ocurren errores. Afortunadamente, las células tienen encimas reparadoras que corrigen estos defectos del ADN, aunque algunos errores pueden pasar desapercibidos, especialmente en su división celular dando al ADN una mutación de esas células.

Entre las causas que se mencionan en la posibilidad de padecer un cáncer de próstata lo primero es el factor edad, ya que pasados los 50 años se multiplican los casos. Otros factores que influyen en su desarrollo son la raza, la distribución geográfica y el estilo de vida. Los afroamericanos tienen un 70% más de posibilidades de padecer esta enfermedad que los de raza blanca del mismo continente, y por otro lado afecta a países desarrollados de Europa y Norteamérica, siendo menor su incidencia en el continente asiático.

Sintomatología

En las primeras etapas, el cáncer de próstata suele ser asintomático. A medida que progresa pueden aparecer los siguientes síntomas:

  • micción frecuente (especialmente durante la noche),
  • problemas para orinar (incapacidad, interrupción del chorro urinario, flujo débil, dolor, ardor, etc.),
  • eyaculación con dolor
  • sangre en la orina o en el semen 
  • dolor frecuente y rigidez en la espalda, en las caderas o en la pelvis sin que desaparezca.

El cáncer de próstata precoz se detecta por una elevación del PSA (enlace en inglés) o realizando un tacto rectal.

Diagnóstico de cáncer de próstata

La detección temprana se puede lograr mediante un tacto rectal (TR) y un estudio del PSA (antígeno prostático específico) que puede llevar al médico a pedir una biopsia de próstata. Para esta biopsia se utiliza una sonda ecográfica que se inserta en el recto y una aguja para biopsia que se dirige a diferentes áreas de la glándula prostática.

Si se ha diagnosticado el cáncer de próstata a partir de una biopsia de la próstata, el médico clasifica la enfermedad de acuerdo a su estadio para determinar la extensión del cáncer. Para determinar si el cáncer se ha diseminado a los ganglios linfáticos o a los huesos, el médico puede pedir que se haga una tomografía computarizada de la pelvis o de los huesos.

El sistema más utilizado para clasificar el cáncer de próstata es el sistema Gleason, que asigna valores de entre dos y 10 al cáncer. Los valores entre dos y cuatro indican poca agresividad, los valores entre cinco y seis indican una agresividad leve, siete indica agresividad moderada, y los valores de entre ocho y 10 indican que el cáncer es altamente agresivo.

Otra metodología pasa por medir el nivel de PSA en sangre, una proteína de síntesis exclusiva en la próstata dando como resultados que si es inferior a 10 se trata de un cáncer incipiente y poco agresivo si lo hay, si por el contrario esta entre los valores 10 y 20 debe ser controlado porque puede comportar un riesgo moderado, y si este índice está por encima de 20 es posible que el cáncer esté desarrollado, sea agresivo y su tratamiento  sea complejo o infructuoso.

Otras exploraciones o exámenes médicos adecuados para la diagnosis del cáncer de próstata son las siguientes:

(ET) Medición ecográfica  transrectal: se introduce en el recto una sonda que tiene aproximadamente el tamaño de un dedo para examinar la próstata. Esta sonda hace rebotar ondas de sonido de alta energía (ultrasonido) en las membranas y tejidos internos de la próstata creando ecos que forman una imagen de los tejidos corporales. Luego mediante una aguja transrectal se procede a hacer la biopsia de estos tejidos en busca de células cancerosas.

La biopsia a partir del perineo: extracción de una muestra de tejido prostático mediante la inserción de una aguja fina a través de la piel entre el escroto y el recto hasta la próstata. Un patólogo examina el tejido bajo un microscopio en busca de células cancerosas.

Algunas veces, cuando el patólogo detecta células prostáticas al microscopio, algunas no parecen cancerosas, pero tampoco parecen normales. En estos casos puede tratarse de una neoplasia Intraepitelial prostática (PIN).

La PIN se divide en bajo grado y alto grado. Muchos hombres desarrollan PIN de bajo grado siendo jóvenes y no necesariamente desarrollarán un cáncer de próstata. Pero con hallazgos de PIN de alto grado, el cáncer puede estar presente a la vez en alguna localización de la glándula prostática. Entre el PIN de alto grado, existe un 30 a 50% de probabilidad de encontrar un cáncer en una biopsia realizada más tarde.

El Antígeno de Cáncer de Próstata-2 es el más reciente descubrimiento. Se trata de estudiar una proteína que se encuentra presente en el 90% de los casos estudiados donde se confirmaba cáncer de próstata y en el 98% de los casos donde éste se había propagado más allá de ésta, quedando un relativo nivel de falsos negativos en comparación con la prueba del Antígeno Prostático. Por otro lado, presenta un bajo índice de falsos positivos, dado que tiene un 97% de acierto cuando se trata de verificar que un paciente no sufre de cáncer de próstata.

Tratamiento

El tratamiento puede hacerse por varias técnicas como la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, o bien la hormonoterapia, o bien una combinación de todas. La edad y el estado de salud general del afectado, tanto como el alcance de la diseminación, la apariencia de los tejidos examinados y la respuesta al tratamiento inicial, son vitales en la determinación del resultado terapéutico.

Si el cáncer no provoca ningún síntoma, crece lentamente y está  confinado en un área reducida de la próstata, se recomienda mantener una conducta expectante. Este tipo de tratamiento, en que no se trata,  se reserva a personas mayores de 80 años. Debido a que el cáncer de próstata a menudo crece muy despacio, si el paciente es mayor o padece otras enfermedades graves, no es necesario tratarlo.

El cáncer va a ser observado y monitorizado. Normalmente se realizan mediciones del PSA en sangre y un tacto rectal cada seis meses, posiblemente con biopsia guiada por ecografía anualmente. Si el paciente desarrolla cualquier síntoma o el cáncer crece más rápidamente, se tiene que considerar pasar a un tratamiento activo.

La prostatectomía radical es la cirugía que se realiza para curar el cáncer de próstata en personas menores de 70 años. Se aconseja cuando el cáncer de próstata no ha sobrepasado los límites de la glándula prostática En esta operación, el urólogo trata de curar extirpando la glándula prostática más los tejidos periféricos. La técnica utilizada es la laparotomía aunque desde hace unos 10 años se practica por igual la laparoscopia, menos invasora e igual de efectiva. Una novedad con buenos resultados es el uso del robot Da Vinci, ya que evita complicaciones como el sangrado, incontinencia e impotencia.

La radioterapia usa radiación de alta energía o partículas para eliminar células cancerosas. La radiación trata el cáncer de bajo grado que está confinado en la próstata o que sólo ha invadido tejido vecino. Si la enfermedad está más avanzada, la radiación sirve para reducir el tamaño del tumor y proporcionar alivio de los síntomas. Esta técnica se usa en pacientes a los que no se aconseja la cirugía o bien esta no da el resultado esperado.

La braquiterapia, es una forma de tratamiento mediante radioterapia en la cual se colocan las fuentes de radiación que emite el medicamento en el interior del tumor de la zona a tratar. Tiene una gran ventaja, que las radiaciones que curan un cáncer habitualmente vienen desde afuera y tienen que atravesar tejidos para llegar al sitio que han de tratar, en cambio de esta forma ya no se irradian estos tejidos porque lo tenemos desde dentro las radiaciones. Es un tratamiento teledirigido al sitio dónde interesa

La crioterapia, o cirugía de criogenización,  utiliza la congelación de las células mediante una sonda metálica para tratar esa próstata afectada. Esta  sonda se introduce en la próstata a través de una incisión en la piel del periné guiada por ecógrafo a través del recto.  Precisa anestesia epidural o general durante este procedimiento.

La apariencia de los tejidos prostáticos cambia en las imágenes ecográficas al estar congelados  y para no dañar a los tejidos laterales, el urólogo observa las imágenes de la ecografía durante este procedimiento que  precisa colocar de un cateterismo a través de una incisión en la piel del abdomen, hasta la vejiga para vaciarla de orina, mientras la próstata está inflamada por la congelación. El catéter se retira al cabo de una o dos semanas. Después de este procedimiento, puede haber algunas molestias en el área donde fueron insertadas las sondas. El paciente debe estar ingresado en el hospital uno o dos días.

La criocirugía es poco agresiva, presenta una menor pérdida de sangre, una corta hospitalización, un corto periodo de recuperación y menos dolor que la prostatectomía radical. Pero se conoce mucho menos la efectividad de esta técnica a largo plazo.

Otro tratamiento y aprobado y con gran proyección es la tecnología “hifu” para tratar el cáncer localizado de próstata, y que mediante ultrasonidos focalizados de alta intensidad (en inglés "HIFU") libera energía a partir de una sonda endorrectal. Estas ondas viajan a través de las paredes del recto sin dañarlo y se centran y atacan la próstata. Esta focalización produce un calentamiento intenso e instantáneo que provoca la destrucción irreversible de la zona seleccionada, sin dañar los tejidos circundantes. El tratamiento, puede llevarse a cabo bajo anestesia epidural.

Luego existe la posibilidad de recurrir a terapias como la del bloqueo hormonal andrógeno, que viene a eliminar o reducir la producción de hormonas masculinas con gran incidencia sobre la próstata como son la testosterona, y por tanto puede ser útil tanto en fases precoces como avanzadas como técnica o terapia complementaria a otros tratamientos. Sin embargo no hay unanimidad entre los servicios médicos a la hora de evaluar y posicionarse respecto a esta técnica.

Algunas veces se recurre a quimioterapia si el cáncer de próstata ha progresado y se ha  extendido fuera de la glándula prostática y el tratamiento hormonal no hace efecto. En la “quimioterapia sistémica” se administran fármacos por vía intravenosa o vía oral, que  entran en el torrente sanguíneo y alcanzan todas las partes del cuerpo, haciendo que este tratamiento sea eficaz en los cánceres con metástasis pero que igualmente genera diversos efectos secundarios al atacar también células sanas. La quimioterapia no está indicada como tratamiento en caso de un cáncer de próstata incipiente.

Igualmente importante son los tratamientos encaminados a reducir los dolores, mejorar la calidad de vida y atender los síntomas de mala salud de los pacientes con cáncer de próstata. Para ello hay productos clínicos o farmacológicos diseñados para esta enfermedad u otras afines, como son los analgésicos derivados de los opiáceos, que mitigan el dolor y no tiene por que resultar adictivos. Después hay un principio activo basado en el ácido zoledrónico que tiene por finalidad controlar, mitigar y evitar la metástasis ósea, cosa que también puede hacerse mediante el uso de esteroides como la dexametasona y otras, que alivian el dolor de huesos.

Algunos estudios han demostrado que los pacientes que reciben un buen tratamiento analgésico, pueden vivir más tiempo y mejor.

Prevención – Cuidados

Dados los conocimientos actuales sobre el cáncer de próstata, hay indicios para pensar que ciertas actitudes en la vida pueden ayudar a prevenir esta enfermedad. Un posible factor de riesgo es la dieta. Cabe disminuir el riesgo de padecer este cáncer consumiendo una dieta baja en grasas y rica en verduras, frutas y cereales. Igualmente el uso de ciertas vitaminas o complejos vitamínicos con presencia de minerales también ayudan a la prevención del cáncer de próstata.

A nivel farmacológico y al igual que pasa con otras enfermedades, hay estudios que evidencian que el uso diario de aspirinas o ibuprofeno en personas de más de 60 años son beneficiosas ya que se asocian a una menor incidencia de este tipo de cáncer.

Datos de interés

De todos los varones diagnosticados de cáncer de próstata, el 97% están vivos a los 5 años del diagnóstico y el 79% a los 10 años. Estas cifras incluyen todos los estadios y grados del cáncer de próstata, pero no tiene en cuenta los hombres que mueren por otras causas.

Los factores de riesgo de la cirugía y el resto de tratamientos, especialmente la radioterapia y la quimioterapia, son la incontinencia urinaria y la impotencia. La incontinencia es muy poco frecuente, ya que ocurre en menos de un 5 por ciento de todos los casos quirúrgicos. Además, hay procedimientos que pueden solucionarla. La impotencia, es más habitual y es el efecto secundario que más preocupa a los pacientes especialmente jóvenes, pero también puede tratarse con diferentes medicamentos y/o dispositivos técnicos como prótesis penianas.

Un 70% de todos los cánceres de próstata se diagnostican cuando este tumor ya ha tenido extensión a otras partes del cuerpo, y pese a ello los niveles de supervivencia han aumentado más del 10% en los últimos 5 años.