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Sus nombres son Alice, Ai, Mayu y Tina, son jóvenes, bonitas, de piel tersa y medidas perfectas. Son además super discretas y siempre acceden a todas las fantasías sexuales de sus clientes. Porque estas cuatro jovencitas son desde hace unos cuantos meses y cada vez más, el servicio de ‘damas de compañía’ por teléfono más popular de Japón, y el único además, aceptado por las autoridades en un país donde no se permite la prostitución. El único detalle que faltaría agregar a esta descripción, el más importante sin duda, que explica incluso la aparente obsecuencia de las autoridades locales, es que Alice, Ai, Mayu y Tina son muñecas de silicona, de tamaño natural y cuya tarifa de servicios es la misma que cobra una mujer de carne y hueso.

 

  A las que han desplazado en el gusto del oficinista japonés promedio, según algunas informaciones de medios locales. La moda comenzó hace unos 14 meses, cuando Hajime Kimura, gerente de la empresa Doll no Mori, inauguró el servicio de alquiler y posteriormente el de venta de estas muñecas, que son exactamente iguales pero que llevan nombres y vestimenta diferente, a pesar de lo cual Alice, la que lleva prendas de colegiala, es de lejos la preferida de los clientes. Quizás por esa fantasía reprimida que se dice, lleva dentro todo hombre japonés: acostarse con una adolescente. “Cuando abrimos la primera tienda sólo contábamos con cuatro muñecas, por eso que las vestimos diferente y les pusimon nombres, los cuales se han convertido ya en una especie de nombre del modelo. Alice por ejemplo, la más solicitada, es una adolescente vestida de escolar; Ai es enfermera, etc. aunque las podemos vestir de cualquier forma que el cliente desee”, explica Kimura a un medio local. “Nuestro negocio esta debidamente registrado dentro del rubro de ‘entretenimiento para adultos’ (alquiler y venta de artefactos sexuales), y recuerdo perfectamente que cuando fuimos a la estación de policía para sacar la licencia, los oficiales no paraban de reírse cuando se enteraron de que se trataba nuestro negocio”, añade. Ahora es él quien ríe debido a las grandes ganancias que ha obtenido. “Actualmente le hemos dado nuestra franquicia a más de 40 tiendas en todo Japón, las cuales tienen ingresos netos que van desde los 300.000 hasta los 3 millones de yenes (US$2,600 a US$26,000). Cuando abrí la tienda en Tokio, comencé con 20 clientes y dos meses después ya había recuperado el costo total de la inversión. Ahora tenemos más de 200 clientes que mensualmente nos llaman para alquilar una de nuestras muñecas”, acota Kimura, quien agrega: “Una de las mejores cosas de este negocio es que no necesito empleados, y no tengo que preocuparme porque las chicas se enfermen o no lleguen a trabajar”, explica.

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Otra cosa que aclara el empresario, cuya idea de montar este negocio nació una aburrida noche de sábado navegando por Internet, es que inicialmente creyó que su público objetivo serían ‘otaku’ (coleccionistas maniáticos), pero que lejos de ser así, el 95 por ciento de su clientela esta compuesta por asalariados, oficinistas y hombres comunes y corrientes entre los 30 y 40 años de edad. LAS RAZONES A pesar de que el fenómeno no ha saltado a las primeras páginas de los periódicos, es muy comentado, y lejos de ver en el alquiler de muñecas sexuales un fenómeno sociológico de aislamiento o incapacidad de relacionamiento de los hombres japoneses con el sexo opuesto, se le vincula más que nada a razones prácticas. “Seguramente habrá quien le resulte más fácil alquilar una muñeca que conquistar a una mujer. Pero lo que he podido ver, es que un buen número de mis clientes prefieren una muñeca porque con ella pueden satisfacer todas sus fantasías sexuales; porque tienen miedo de contraer alguna enfermedad; porque quieren practicar antes de tener un encuentro real; e incluso hay quienes han solicitado una muñeca porque quieren entrenarse antes de perder su virginidad”. Sobre el fenómeno, el terapista sexual Kim Myung Gun aseguró a un medio local, que si bien es cierto que los japoneses han dado muestras inequívocas de haber perdido el interés por el sexo real (baja tasa de natalidad, disminución constante de la producción y venta de preservativos y métodos anticonceptivos; desinterés por formar una familia, etc.), el recurrir a juguetes sexuales no es lo ideal, pero es saludable para satisfacer sus fantasías y descargar tensiones.

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Mientras algunos clientes prefieren comprar una muñeca cuyo costo es de aproximadamente 600.000 yenes (US$5,200), otros encuentran más económico pagar 13.000 yenes (US$115) por una hora del servicio. Sin embargo, el llevar una muñeca a casa, darle mantenimiento y arriesgarse a ser descubierto es una posibilidad que muchos prefieren eliminar del todo, a pesar de que tengan que pagar por ella. TODO LE DIA POR 390 DOLARES

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El sistema que utiliza Kimura para alquilar sus muñecas, es el mismo que usan las casas de cita por teléfono: el interesado llama y pide una muñeca cuyo costo de uso y de transporte debe cancelar al momento de recibirla. El costo del transporte varía pero puede llegar a los 6.000 yenes (US$52), mientras que el servicio puede ser por 70, 120, 180, 240 minutos pagando 13,000 yenes, 16.000, 22.000 y 28.000 yenes respectivamente (US$115, 140, 190, 245). También
existen las opciones de 10.00a.m. a 10.00p.m. por 40.000 yenes (US$ 350), o todo un día por 45.000 yenes (US$390). Estas muñecas son producidas en Japón según las especificaciones de Kimura, con un tipo de silicona cuya característica más destacada es la tersura del material parecida a la piel y rasgos casi humanos. Es decir,
lejos de las clásicas muñecas inflables tan populares en Estados Unidos.